domingo, 24 de junio de 2012

Nicolás Raziel, Capitulo 0


Y este era Yo, dieciocho años  y otra mañana fría en la que el   mundo me  odia y yo lo odio, aunque esta mañana parecía odiarme más.
Era mi cumpleaños y me quedaba sin techo,  dieciocho años se supone     que significa ser un hombre adulto responsable  de mi mismo, tal vez si hubiese tomado el consejo de la señorita Lucía, de cortarme el cabello y  rasurarme la barba, tal vez así hubiese conseguido un trabajo y con un trabajo, una casa, un cuarto, o algún maldito sitio donde dormir. Pero, de todas formas no se espera mucho de un chico que paso 10 años en un orfanato sin ser adoptado, siempre habían chicos más alegres, yo nunca pude ser así desde… aquel día, al final cumplí la mayoría de edad y ya no puedo estar ahí, hay poco espacio y ya debo defenderme solo.
“¡Hola niños!, la palabra del día es: - Mierda -”
¿Qué otra palabra define mejor mi situación?, parado en la calle con unas pocas monedas y billetes arrugados que los huérfanos pequeños me obligaron a traer, no pude luchar contra sus inocentes caras sucias repitiendo que me ayudarían y me darían algo de suerte para el camino. ¿Suerte?,  esa palabra hace once años no existe en mi vida.
En ese instante tropecé  con un hombre que me empujo y caí en la mitad del parque, suspiré y vi el cielo fijamente.
“Suerte”, recordé los rostros de los enanos con los ojos llorosos igual que la señorita Lucía mientras que con la voz acongojada en su pañuelo repetía.
-          Nico…mi Nico… -
Diez años pudriéndote en el orfanato y que nadie te adopte, ¡No me importa¡ ¡No los necesito!
Mis ojos empezaban a bañarse en lágrimas frías como el invierno que azotaba las calles.
Recordé su voz dulce susurrando:
-          Siempre te cuidaré –
Ella, esa dama que recuerdo con esfuerzo…mamá.
-          ¡BASTARDO¡  -
Grité tirando una roca con fuerza que reboto  golpeándome en la frente y cuando los recuerdos inundaban mi mente caí de espaldas y susurré:
-          Gracias mundo, Yo también te odio –
Luego, perdí el  conocimiento. 

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